viernes, 22 de mayo de 2009
coincidencias
Sin embargo me di cuenta que la verdadera magia no reside tanto en encontrar las coincidencias como en lograr que incluso los elementos más opuestos, logren coexistir pacíficamente.
martes, 21 de abril de 2009
Hermética.
Cansada de la avalancha de información que me azotaba sin descanso, hubo un día en que opté por volcarme al hermetismo. Y a partir de ese día ya no leí más diarios, ni miré los noticieros.
Las noticias dicen que todo se trata de “olas”. Olas de secuestros, olas de inseguridad, olas de mosquitos.
Yo prefiero tomar las cosas como hechos aislados. No es que no me importe, pero el todo es tan complejo que no alcanzo a procesarlo. Y eso genera una angustia muy difícil de manejar para un ser-esponja como yo. Y la verdad, preferiría no enfermar mi cabeza atrás de eso.
Si escucho radio, solo elijo alguna que hable poco. Porque en éste mundo todo el mundo cree tener algo importante que decir. Y a mí, para ser sincera, no me interesa escucharlos.
Igual que en la calle... una de las cosas más molestas que tiene Buenos Aires es que me obliga todo el tiempo a escuchar conversaciones ajenas, a presenciar cosas de las cuales no tengo por qué ser testigo.
No se si será una mera cuestión de volumen de las voces, o que ya somos demasiados, o que existe cierta tendencia a querer-que-lo-de-uno-sea-público. Pero me veo constantemente expuesta a diálogos que no me incumben en lo más mínimo. Como la señora del asiento de atrás del colectivo, relatándole a otra (con una cuota certera de exageración) las bondades de su hijo, el profesional. Y la vida de sus otros hijos, por las dudas. Total el viaje era largo. O aquel tipo de cuarenta y largos, describiendo con detalle sus aventuras de adolescente tardío, sus trampas y sus consideraciones sobre la pareja con el handy en altavoz.
Ah...el Nextel. Qué cosa que detesto. Al aparato en sí, y a un determinado target de usuarios a los cuales les encanta alardear, invadiendo cualquier espacio común con el odioso beep y un intercambio tosco de palabras que, reitero, a mí no me interesan en lo más mínimo. Es más, me generan bastante fastidio.
El mismo fastidio que me producen los celulares con mp3, y la gente que los usa sin auriculares como una especie de boombox de la era postmoderna. Pero del Bronx a Chacarita. Del rap al reggaetón.
La verdad que ningún invento es nefasto en sí mismo: lo vuelve nefasto el uso que le da la gente. De la misma manera que no vivimos en un “país de mierda”, como suelo escuchar. El país está hecho de personas, con lo cual las conclusiones son bastante obvias…
Pero, volviendo a los que musicalizan los transportes públicos sin que nadie se los pida, no se qué les hace pensar que yo quiero escuchar su música.
Es por eso que me recluí en una especie de burbuja que resguarda mi interior, del mundo exterior. Y la llevo conmigo adonde sea que vaya. Los cristales cubren mis ojos, cegándolos parcialmente ante aquello que no quiero ver; los auriculares protegen mis oídos de lo que jamás quisiera enterarme. Es la única forma que encontré de aislarme frente a la psicosis colectiva, y la estupidez humana. De no ver ni oír aquello que me hace mal.
Prefiero que sea la música quien hable. Y en lo posible, la música que a mí me gusta escuchar.
domingo, 19 de abril de 2009
oído al pasar...
Cuando alguien en un espacio público se pregunta ¿por qué la fila del baño de hombres (si es que la hay) avanza el doble de rápido?, bueno... en parte he ahí la explicación.
Ésta situación se dio en la fila del baño de un bar:
Chica 1:- ¡Me muero! Qué buen bolso!!!!
Chica 2:- ¿Te gusta? Me lo compré hace mil años...
Chica 1:- Guauuu...¿Es de antes de cristo?
* las improvisadas sesiones de fotos también suelen ser motivo de eternas tardanzas...
miércoles, 15 de abril de 2009
martes, 14 de abril de 2009
lunes, 13 de abril de 2009
Mi aire.
Hace tiempo que no experimentaba ésa adrenalina previa.
Ésas ansias en vísperas de algo. Distinto a toda espera.
Sabía perfectamente que ése día marcaría un antes y un después. Que, una vez consumado, nada sería igual.
Temía por mi débil corazón, y su capacidad de afrontar la sobredosis de emociones intensas. Temía que me invada la nostalgia, incluso antes de empezar. Temía al post, por sobre todas estas cosas, a pensar “y después…¿qué?”
Pero más temía al encuentro. A la inquietante sensación de sentirlo cerca, a metros quizás, difuminado entre la multitud pero respirando el mismo aire. El aire de mi ciudad.
Me acuerdo cuando quería sumergirme de cabeza en su mundo, motivada en parte por la curiosidad que me caracteriza y, claro, por las ganas de sentirme parte de él.
Eso cuando todo era perfecto.
Ahora, ya no lo quiero. Es decir, sí, lo quiero, pero fuera de mi vida y de mi mundo.
Del mismo mundo que puse en sus manos y él no supo cuidar.
Desearía poder erradicarlo de manera definitiva y determinante, para que nunca más pueda manejar los hilos de mi propia debilidad.
Es por eso que le temo al encuentro.
Porque me conozco.
Y se que soy masoquista. Y él difícil.
Me animo a decir que no existe en el mundo combinación más letal.
Otra vez vamos a coincidir en el tiempo y el espacio.
Y mañana vas a estar ahí, tan hermoso y embustero como siempre... respirándote mi aire.
viernes, 10 de abril de 2009
Pasar Tiempo.
Pasar no en el sentido de "gastar minutos", sino mas bien de compartirlo.
Acostumbrada a lo concreto, a lo urgente, a lo preciso, a lo puntual, casi que le temía al no saber qué hacer con tanto tiempo.
Y resulta que era lindo, el simplemente "estar".
Y qué loco como, cuando es lindo, el tiempo se pasa volando.
Pero en días como hoy, las horas pesadas, sin ningún sentido parecen no terminar nunca.
jueves, 9 de abril de 2009
Viernes, 7pm.

Hoy me di cuenta que éste momento ( o para ser más exacta, el momento ocurrido una hora atrás) es el más feliz y adrenalínico de cada mes.
Viernes, 7pm. Es terminar todo rápido para fugarme (nunca a las 7, siempre 7 y 10). Saludar a todos, bolso en mano, y salir!
La sonrisa ya se empieza a dibujar en mi cara en el preciso instante en que atravieso la puerta.
Taxi en la esquina de Zabala y Forest, hasta la estación de Colegiales. Vuele, por favor. De ahí, el tren... Ida hasta Retiro.
Caminar por el andén y esperar abajo del puente. Siempre. No hay nada más que hacer, sólo esperar...entonces lo mejor es calzarme los auriculares con algo bien al palo, para perder aunque sea levemente la noción de los minutos. "Pogo" es ideal, aparte me hace acordar a mi destino, que voy a estar pisando otra vez en un par de horas. The everything-can-happen land, lo bauticé. Y pensar en la noche que me espera.
Se ven las luces a lo lejos, sí. Me subo al tren, sonriente.
Las canciones que elegí para éste momento se deslizan una atrás de otra.
Llego a Retiro. Y empieza la corrida porque, sin mirar el reloj, se que voy con los minutos contados.
No paso por el molinete con semejante bolso, ya lo se. Ni lo intento, aunque ya sufrí agún que otro enriedo cuando mi apuro todavía era un tanto inexperto.
Llego a la terminal pensando que no llego. Pero al final si, siempre.
Y éste micro de los viernes 8pm es lo más.
Me descalzo, estiro las piernas y me acomodo en mi asiento. Abro el cuaderno, casi instintivamente. Y me entrego a la ruta.
Ahora estoy volando rumbo a mi otra casa. Y pienso, quizás si, ésta sea una rutina después de todo. Pero en todo caso será la única rutina que no odio. Que al contrario, me desborda de energías.
Cómo explico sino que hace escasos minutos iba por la calle sonriendo, feliz.
Las canciones en mis oídos siguen siendo las mismas que hace unos meses.
Lo que me espera alla, tal vez no. Aunque en realidad nunca se sabe.
Eso es lo mejor de todo...nunca se sabe.
No se equivocó al final ese mensaje que llegó a mi celular 8 menos 5. "¿Y? ¿Ya partió tu micro rumbo a la felicidad?"
now playing: The Thrills
martes, 7 de abril de 2009
Enviados
Gente inocua, inerte, insípida.
Gente ignota en la mayoría de los casos. Pero también gente allegada, que conocés y que está y se queda. Un rato largo, o incluso toda la vida.
No son desconocidos, pero sin embargo, no tienen el peso suficiente como para modificarnos de manera radical.
Mas bien son parte de la escenografía que decora nuestros días.
Pero hay otras personas que aterrizan inesperadamente en la vida de uno, y tienen el poder de desatar una revolución con su llegada.
Éstas personas para mí son como enviados...alguien los puso ahí, y no fue la casualidad precisamente. De hecho no creo que las casualidades existan.
Tampoco es necesario llamarlo Dios, porque también tengo mis dudas al respecto.
Digamos que son enviados del destino.
Ésta gente no aparece porque sí: en la mayoría de los casos, traen en la mochila (o en el morral) una misión que cumplir.
Sin un manual de instrucciones precisas, pero con la certeza de quien sabe de memoria qué hacer y cómo llevarlo a cabo.
A veces se trata de resolver un conflicto; otras veces, simplemente de plantearlo. Tienen un don, y es la capacidad de poner patas arriba hasta el más firme de nuestros fundamentos, con el fin de obligarnos a replantear.
No tratan de resolver el dilema, sino mas bien motivarlo. Impulsar el cambio. Cerrar una etapa, una puerta, y quizás abrir otra mejor.
Pero hay un problema, y es que su presencia es tan efímera como intensa.
No cabe dudas que dejan su huella, pero así como llegan, un día se van.
Y ante la partida, uno se siente medio inútil, desconcertado, porque se fue una parte de uno. Como perder el brazo hábil. O el talismán que te guiaba hacia el mejor camino a seguir.
Pero lo inteligente de un enviado es que, antes de irse, inevitablemente siembra su semilla. Sea en forma de palabras sueltas, o de infinitas charlas; recreada en alguna canción, escondida en el recuerdo de alguna esquina caminada o de un porrón compartido. Ésa es la forma de seguir sembrando, aun durante su ausencia, y de asegurarse que su pequeña estadía en cada una de las vidas que frecuente, tal vez haya sido corta, si, pero igualmente difícil de borrar.

Reflejo.
Pocas cosas atrapaban tanto su atención como el reflejo de nuestra piel en ése espejo. El del techo.

